Cerró Burgio: Hubo un tiempo en que las hamburguesas las comía el enemigo de Popeye

Les propongo hacer un juego de ciencia ficción. Imagínense que mañana se vende la iglesia
Redonda y la plaza que está enfrente y pasado mañana ponen un banco y un supermercado
enfrente, que Las Barrancas se transforma en una pista de “culipatin” de hielo y que la esquina
de Cabildo y Juramento se pasa a llamar José María Moreno y Rivadavia, dejaría de ser
Belgrano.
Aprendí a caminar por la Avenida Cabildo, fui al colegio, y la parada obligada al mediodía era
una, y solo una, no mi amigo, no era Mc Donalds, ni Pumper Nic en esa época, las
hamburguesas las comían Los Tres Chiflados o Brutus el enemigo de Popeye, nosotros
cruzábamos Monroe y a metros nomas entrabamos a un local y “de parados” pedíamos dos
fugazzettas y una gaseosa. Mito urbano, o realidad, contaban las lenguas del barrio, que se
hacía con un kilo de muzzarella y uno de cebolla cada una, mire, si no era verdad pegaba en el
palo.
En el lugar siempre había una pizza caliente para el transeúnte con hambre o solo para el
tentado por el olor que salía de ese local mágico, lleno de azulejos celestes y botellas de
Hesperidina.
Era punto de encuentro los sábados para arrancar con mis amigos para la diversión , “los
espero en la puerta de…”, y siempre alguno venía con hambre, y adentro a pedir, porque era
sábado dos porciones, y una cerveza, y ahí estaba José, un español con una cara de bueno que
conmovía y una habilidad con el cuchillo para cortar pizza que daba terror, “mira si se
enojaba”, pero José, no se enojaba jamás y si no te alcanzaba, la pagabas otro día.
El tiempo pasa, todos crecimos, nos pusimos de novios, tuvimos hijos y aunque sea una vez a
cada uno de ellos le otorgamos el placer de una porción ahí, no sin antes advertirles, “podrán
en su vida probar mucha pizza, pero como la fugazzeta de acá, ninguna”. Como de chicos no
llegaban al mostrador, era sentados en la mesa, y a los dos míos, por lo menos se les quedó
grabado el nombre. Mire lo que le voy a contar, viví muchos años afuera, me enamore y volví
en pareja con alguien que no conocía Buenos Aires y le juro, llegamos a las 10 de la mañana y
le pregunté si tenía hambre, me dijo que si y el primer lugar donde comió fue ahí, una de
muzza y una gaseosa, yo extrañe 11 años mi fugazzeta y fueron dos y gaseosa.

Puta madre, de a poco se van los recuerdos de una infancia y una juventud hermosa, un día se
nos fue volando Piluso, Los 3 Chiflados los ponen en horarios marginales, en la galería donde
estaba Churba, ahora hay un bar, y quedan dos multicines de dos millones que había.
Entiendo que el futuro llega y que todo se moderniza, pero permítame ponerme un cacho
melancólico y déjeme que le diga, ahora me podrán traer una fugazzeta gourmet servida en
una piedra de volcán, con un vaso de limonada con frutos del bosque en un vaso que antes era
un frasco de mermelada, nunca será como la porción “de parado” en plato de metal, caliente y
chorreando muzzarella que hacía don Burgio

Concédame señor un momento de egoísmo, yo sé que no todo pasado fue mejor, pero este es
MI pasado y lo voy a extrañar muchísimo. Cierra Burgio y al paso que vamos, vaya pensando en
hacer culipatin en Barrancas de Belgrano.

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